Equipo Minicole Noelia
Si alguien me pidiese que me describiera en una única palabra, lo tengo claro. Soy MAESTRA, así en mayúsculas. Es lo que siento que soy. Y es que ser maestra no es solo mi profesión, es mi hobby, mi vocación. Es una parte muy importante de lo que soy como persona. Forma parte de mi.
Y ¿cómo no serlo?, porque el día a día en mi trabajo es completamente satisfactorio. Porque trabajar con niños y niñas tan pequeños te hace vivir un montón de sutiles detalles que te hacen sentir muy bien. Os pongo algunos ejemplos.
Como podéis imaginar, voy a trabajar al cole sin maquillaje, todos los días con el mismo baby y todos los días me dicen lo que guapa que estoy.
Además tengo la suerte de trabajar en un lugar donde se derrocha la risa a manos llenas, donde se regalan abrazos a cada rato y donde no paramos de jugar y aprender. Porque para los niños, aprender y jugar son la misma cosa. A veces me convierto en Campanilla, porque una parte de mi, no quiere crecer y disfruta jugando con esos niños y niñas encontrados en un ambiente único, acogedor y familiar.
Todo esto es Minicole para mi, un auténtico placer trabajar en un centro donde se obtienen tantas recompensas cada día.
Cada curso, entra en nuestro cole un nuevo grupo de pequeñines, algunos de apenas unos meses de vida. No hablan, no pueden andar todavía… ¡son muy pequeños! Pero poco a poco, empiezan a comunicarse, a expresarse, a desplazarse de un sitio a otro, comienzan a manipular y explorar todo lo que les rodea y a descubrir un mundo nuevo para ellos.
Empiezan a dar sus primeros pasos y a recorrer y hacer su propio camino. Como maestra de infantil, tengo el honor de acompañarlos en estos primeros pasos, sembrando la semilla de la educación, aprendiendo a la vez que enseño, sorprendiéndome de cada ocurrencia que pasa por sus cabecitas.
Me enamoro de su inocencia, de sus miradas puras, de su falta de prejuicios, de su sinceridad extrema, de su capacidad de perdonar cualquier ofensa, sin rencores. Porque después de cualquier cosita que pasa entre ellos, antes de un minuto, vuelven a ser los mejores amigos del mundo.
Cada año se llevan un trocito de mi corazón y, a cambio, me dejan trocitos del suyo. Por eso se convierten en parte de mi, mis niñas, mis niños, mis ranitas… ¡mis peques!
Como maestra tengo un objetivo principal: inculcar valores para formar personas capaces que sean autónomas y con grandes principios, que hagan de la sociedad del mañana una sociedad mejor. Potenciar un clima cálido que les permita ser como son, comunicarse sin vergüenza, que no tengan miedos ni inseguridades, conseguir la mejor versión de ellos mismos.
Ayudarles a abrir la jaula y tejer sus propias alas, para que puedan volar alto y conseguir alcanzar las cimas más altas.